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UN ARCA VACÍA SE NOS ANTOJÓ EL ALMA, Revolución, divino tesoro de Jorge Aulicino por Alfredo Lemon

 (Ediciones Barnacle, 2025)

04.05.2026 14:20 |  Noticias DiaxDia  | 

Me propongo escribir unas líneas acompañando la reciente aparición del último poemario del admirado y exquisito poeta, ensayista y traductor, administrador de uno de los “blogs-museos” más importantes de lengua hispana “Otra iglesia es imposible”; sin duda una personalidad esencial y mayúscula de la literatura contemporánea. En realidad, para quienes somos sus lectores, sus seguidores, sabemos muy bien quién es y qué significa para nuestro acervo cultural, el nombre de Jorge Ricardo Aulicino. No necesita presentación, hay en la red suficientes referencias a propósito de su cercano fallecimiento.

La palabra se abre en los abismos

La lectura del poemario permite esbozar con rasgos precisos, el perfil de su escritura, profunda y existencial, en algún punto melancólica: “…y nos sobrevino una inquietud/ casi frenética, casi/ un histérico fractal,/ y volaba desde nuestro corazón a un abra/ el cuervo, / el que no volverá, /y cuando saltamos de alegría/ porque el cuervo sin regreso/ era la señal de tierra/ nuestro corazón se vació/ lloró nuestro semblante…/ y sin embargo allí en el maderaje/ una violeta florecía/ y constelaba la tristeza…”
Mientras repaso sus versos, quizás uno de los puntos más altos de su dilatada trayectoria, advierto en su delicada musicalidad, latidos rítmicos internos, la textura de un oficio pulido. Devienen pensamientos vueltos imágenes, que, elevándose a lo más sutil del ser, ofrecen sentimientos, despojos, zozobras, caducidades. Conmueven desde la idea -como enseñó Pound- acentuando el cruce correcto que describe lo real circundante: “Llorar por lo que se creyó/ no por lo que nunca se realizó/ es una condena que obliga/ a girar en una noria/ de días y multitud y avenidas/ en la tarde, en el anochecer de pájaros/ apurados y bocinazos”.
En un poema más que conmovedor, apunta con perspicaz observación, la crudeza de nuestro escenario social. Confieso que la primera vez que lo leí me emocionó mucho, porque justo en ese momento me había enterado de la enfermedad que lo aquejaba. Se titula “La plaza de los jubilados” y dice: “La visión del hospital/ entristece a los viejos:/ querrían que la plaza estuviera en otra parte/ -la visión de las paredes blanqueadas/ los derrota. /Los viejos entristecen en los sanatorios, los evacuatorios, / las visitas periódicas, las esperas en las antesalas, / las extracciones de sangre, las radiografías, / el buen consejo del médico más joven que ellos:/ los aflojan, los debilitan, los sumen en la/ soledad de las farmacias. / La salud mata a los viejos/ acelera su caída en la noche de la paz/ final, / del humo sobre los techos/ y de aquellas tardes lejanas/ que desviaban sus miradas/ desde las paredes blanqueadas/ con cal hacia las nubes/ rosadas.”
A través de su obra, el autor muestra siempre su espíritu inquieto, original, variopinto y renovado. No se trata de una poesía hermética sino de una expresión coloquial (simple en apariencia) que, sin desconocer las formas clásicas y la tradición, ha madurado y forjado un estilo propio, enriquecido con la experiencia de años dedicados a una labor rigurosa, erudita y sostenida: “El giro de las cosas, el imprevisto, / al fin triunfó. / La carnosa heterogeneidad/ atrajo a la multitud como moscas/ más allá del desierto, / de su prometer y exterminar. / Nació la sociedad. / El consumo pareció infinito. La comunidad se adoró a sí misma/ de modo diverso. / (Continúa)”.
Igualmente, el poeta, sensible y notable, dándose cuenta de la fugacidad de las cosas y los movimientos políticos sucesivos de los vaivenes de la historia, puntualiza: “Oh los días se deshacen/ como el carbón bajo el/ golpe de la pala, pero no hay, / no hay ya humeantes locomotoras/ no hay vapor en los bosques, no hay/ sino niebla y sombras en la nieve/ las luces y las rápidas ciudades…” Lo señalado puede comprobarse en “El surrealista del arroyo entubado” donde refiere: “…le hablaba a sus ancestros/ de los tiempos en que todo aquello era/ medio campo medio ciudad/ tierra fértil rural quintas tapias/ y fábricas/ un tordo una vaca/ dejemos que la decadencia/ ordene de otro/ modo los pedazos al fin/ decía para todos/ para sí.”
En sus trabajos también suele aparecer un yo cercano a uno mismo que luego trasmuta en ficción. Surgen entonces, destellos de un yo plural, diario, empírico tangible, imaginario, conceptual, que después, al ser escrito frente a una tensión con lo demás, se torna metafísica o conjetura, rasguño cósmico… “como una jabalina que huyese/ por la tangente, / hacia el mundo extra planetario/ de un oasis estelar del pensamiento. / Como esa nube larga y recta/ residuo de una estampida: / jabalina blanca/ que no teme a lo incierto.”

Vivir un solo día, eso basta. Pero vivir…

Este poetizar no proviene de otra vida que la vida habitual, pero que para quien está despierto, sabe mirar más lejos. Es eso de cada día que nos excede y reclama… Es el producto de la saturación del ser tantas veces golpeado por el desgano, el desgarro y la rutina. Es la obviedad hecha añicos, la expresión de un estallido, un sentir que pone al desnudo lo que el decir con habilidad rescata y destaca: “Final de un cuento sci-fi”: “Los paneles solares/ chisporrotearon sobre nuestras cabezas. / Grandes insectos de todos los colores/ caían desde el cielo y se cocinaban en/ segundos sobre los cristales calientes. / “¿No lo habías leído?”, dijo. / “Si estaba escrito tenía que ocurrir”.
Vivir y existir, ese intento es el salto más grande, el impulso del pie por encima de la valla para mantenerse erguido o caerse, superándose, levantado de nuevo en el torbellino del propio destino, tambaleante como al filo de un trampolín: “Quiere sentir por anticipado el frío del agua/ para que el cuerpo sufra menos el momento/ en que entrará como un delfín al agua dócil que/ en su mente era una vorágine un segundo antes…/ Ágiles en el polvo éramos insectos de tierra./ No como los zancudos que aparecían en la pileta/ mientras nos entrenábamos en la mecánica/ de la flotación, del oxígeno, de la sobrevivencia.” Concluyendo diré que hay aquí una estética de constelaciones apoyada en una trama silogística, que, a su vez, trasunta una labor con el lenguaje como de un mecanismo que alude a su contrario. Allí se produce una ruptura que desconfía de lo estrictamente intelectual y termina en una confluencia. Recursos aptos para reflexionar que eluden deliberadamente una interpretación única: “Pero nada de eso existe sino en la magra/ imaginación, en el resultado efímero, / pero también en el fantasma de la mano/ que ha trazado la obra, / la ha ejecutado, / la ha creído suya/ y olvidó que lo era.”
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