cultura-de-jujuy-a-tierra-del-fuego |
Nyda Cuniberti fue la primera mujer en ingresar a la Academia Porteña del Lunfardo
“Verdadero milagro” la llamó César Tiempo
06.05.2026 15:56 |
Noticias DiaxDia |
Un 6 de mayo de 1916 nació Leonida Catalina Cuniberti en Buenos Aires y murió el 20 de noviembre de 1997.Hizo el magisterio, ejerció la docencia durante 25 años en escuelas y colegios de Buenos Aires. Escribía y formaba parte del elenco teatral que Milagros de la Vega y Carlos Perelli dirigían en la peña del café Tortoni. Contrajo matrimonio y acompañó a su esposo a Estados Unidos por 12 años, ya que pertenecía al cuerpo diplomático.
Nyda Cuniberti fue la primera mujer en ingresar a la Academia Porteña del Lunfardo, el 3 de septiembre de 1977, ocupando el sillón de “Juan Francisco Palermo”. Formo parte del Círculo de Poetas Lunfardos.
Su libro de poemas, Embrocando el pasado (1975), fue “un clásico de la literatura lunfarda”, según diría José Barcia, uno de los fundadores de la corporación, Debute Buenos Aires (1977), Chau arrabal (1981) y Con berretín de zorzal (1988).
Como poeta sus títulos, Luna breve (1945), Senda cálida (1947), Luna en el huerto (1949), Comarca azul (1958) y Frontera (1973); En el camino y en el tiempo (1975), Canciones para Santa Fe la vieja (1976) y Canciones sureras (1989), Nueve sonetos para Toulouse Lautrec (1989).
En 1991 pasó a la categoría de Académica Emérita. Recibió la “Medalla de Plata al poeta” del Círculo de Poetas Lunfardos. José Gobello escribió que “la primacía casi fundacional que damos a la poesía lunfardesca de Nyda Cuniberti se afirma en la calidad de la experiencia y el análisis del mapa porteño. Pero esta poeta de ninguna manera podrá ser registrada como una diletante de la filosofía plañidera casi habitual en estos menesteres de la rima canera. Al contrario su estilo es naturalmente cordial, travieso y sensible, sin dejar de lado la nostalgia, y se muestra mediante un aire zumbón entre el humor y la sátira”.
GANDHI
Bancaste la flagrante mishiadura
del medio mundo de la suerte perra,
mundo mistongo donde se le cierra
al hombre su destino de criatura.
¡Qué cachetada cuerda tu locura,
a todos los capangas de la tierra!
¡Qué debute guapeada fue tu guerra
hecha de pura hambruna y amargura!
Y aunque en el reino de los gordinflones,
no importa un Gandhi, huérfano de gloria,
pobre de guita, fierros o galones;
importó a Dios, que dijo ¡Abracadabra!
y abriendo el libre cuore de la historia,
hizo que entrara un flaco, con su cabra.
Certificada
Me prometiste, piola, el himeneo,
previa prueba de amor que fue secreta
y me juraste al fin que la libreta
me la mandabas luego por correo.
Yo me estoy palpitando algo muy feo
porque después de que en mi propia jeta
pasás del brazo con otra pebeta
ya no se si te creo ó no te creo.
No sé qué preguntarle ya al cartero
pues me contesta siempre más cabrero
que tampoco ese día llegó nada.
Perdóname, mi negro, si te bato
que esa libreta que resuelve al fato
me la mandés, mas bien, certificada.
Julio César
¿Que otro bacán se te igualó en la vida,
varón de rango y de linaje puro?
Pretexta y toga hechas a medida,
la guita en grande y el morfar seguro.
No hubo guerra que dieras por perdida
y pusiste a mil grelas en apuro;
la gloria te cayó como llovida
o como cae un níspero maduro.
Oh, César, hasta ayer casi divino,
de los Idus de Marzo te advirtieron,
pero el consejo te importó un pepino.
Y aunque fuiste el mejor en el combate
y las minas jamás te resistieron,
lo mismo te la dieron por el mate.
Toulouse Lautrec
Fue un quemeimporta el que dejó astillada
la contra de tu cuerpo en un espejo,
y el que te empaquetó tan desparejo
te dio en cambio una luz predestinada.
Algo como una estrella dedicada
a afanarle a la noche su reflejo
para pintar su ojera a un París viejo
o el rouge corrido de la madrugada.
Hiciste que surgieran de la espera,
medias negras y minas en asedio
que dormían su mufa en tu galera.
Rescataste cancanes deslumbrantes,
un vértigo de ligas y en el medio
los ojos de Oscar Waild, siempre distantes.
-II-
Naifa en desabiyé, media calada,
remolino de pluma y de puntilla
y la saeta de una pantorrilla
que le apunta a una luna ya cansada.
La que se fue a dormir, pintarrajeada,
con su color ritual de pesadilla,
la que bosteza insomne en la sencilla
actitud vieja de no esperar nada.
Jane Avril, regresando del laburo
con el gozoso gesto del recato
de quién respira, al fin, el aire puro.
Y esponjándose, siempre casquivana,
la Gulú que se ríe del retrato
que vos, tal vez, le pintarás mañana.
-III-
Pudiste transitar con la agonía
colgada alegremente de tu brazo,
prendiéndole de luna algún retazo
al carrusel de la chafalonía.
Fue una funambulesca algarabía
el patético grito de tu trazo
y pintaste pedazo por pedazo
el engrupe fugaz de la alegría.
Diste, pequeño conde, testimonio
del sempiterno mundo del olvido
para mandar tus penas al demonio.
Pero ese olvido de fru-frú y de seda
te dejó en la palmera y convencido
de que la pena cuando está, se queda.
-IV-
¿Qué verde mar de ajenjo te cubrió compasivo
con un traje de curda como hecho a tu medida?
¿Qué cubículo innoble te sirvió de motivo
para que te salieran palomas de la herida?
Fue allí donde el destino no quiso ser esquivo;
te colocó embrocantes para ver que en la vida
no siempre tiene el barro color definitivo
y suele haber burbujas en la ansiedad fallida.
Donde el arroyo adquiere insólita frescura,
donde la suerte perra parece distraída,
mojaste los pinceles de tu propia ternura.
Con algo de pernot y de sangre otro tanto
vos pintaste el recodo de una causa perdida
donde la risa tiene menos valor que el llanto.
-V-
Un bastón diminuto, los lentes, la galera,
se aburren bajo el polvo de una prosapia herida;
vacíos ya de culpa, no encajan en la austera
dimensión que la muerte les dio para otra vida.
Tal vez la piedra libre de una noche cualquiera,
noche para el espiante de un ansia no cumplida
les recupere el cuerpo al que otra vez quisiera
un Mulen Rouge fantasma, darle la bienvenida.
Un lugar donde pueda dejar su sombra en banda
y allí pintar tranquilo, un coñac por delante
para Arístides Bruant una nueva bufanda.
Una bufanda roja que al cuello del poeta
zigzagueara en la noche cuando lo más campante
abandona Montmartre sobre su bicicleta.
Bronca
Es inútil, sandié, batirle el justo
al orre cusifai que está en cafúa
masticando una bronca que da gusto
porque al fin se avivó que no es tan púa.
No es nada rechiflarse por un susto
o no se abra el paraguas si garúa,
si el odio del malevo es tan robusto
es porque se olvidó de la ganzúa.
Se la olvidó junto al lugar del fato
y como para giles no hay excusa
sabe que tiene cana para rato;
que dejarse las armas de trabajo
por pensar en la grela rantifusa,
es ser un abombado del carajo.