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San Martín en el Congreso de Tucumán. Por Alejandro Enrique

 Periodista, historiador e investigador (La Matanza)

09.07.2026 00:20 |  Noticias DiaxDia  | 

Es de uso y costumbre para una parte de la historiografía porteña entender al Congreso de Tucumán y al general José de San Martín como protagonistas desvinculados de la Declaración de la Independencia que se firmó el 9 de julio de 1816. Pero solo basta consultar la correspondencia con su fiel colaborador Tomás Godoy Cruz (congresal de Mendoza en aquella asamblea independentista) para comprobar que la actividad del Gran Capitán durante aquellas jornadas fue ardua, intensa y muy frutífera para sus objetivos de liberación.

Hay que recordar que desde el 25 de mayo de 1810 el proyecto independentista había recorrido un camino errático y sin muchos avances. La ambigüedad de hacer una revolución, pero no terminar por romper los lazos con la corona española impacientaba, entre otros, a San Martín que se estaba preparando para el histórico Paso de los Andes. De echo fueron muchas las críticas directas en las cuales se objetaba declarar la independencia a pesar que la Asamblea del año XIII ya había reconocido los símbolos patrios o decidido la autonomía económica de acuñar moneda propia. Es así que, en mayo de 1815, se logra dictar un Estatuto por el cual se convocó a un Congreso con diputados de las Provincias Unidas del Río de la Plata para discutir una forma de gobierno y, a la vez, una posible declaración de Independencia.

Esta decisión estaba determinada porque a fines de 1815 con el retorno de Fernando VII al trono, las fuerzas coloniales habían reimpulsado su actividad bélica en el continente apagando los focos revolucionarios en Caracas, Lima y Santiago de Chile. Sólo se sostenía Buenos Aires, pero los revolucionarios sabían que era cuestión de tiempo si es que no se tomaba la iniciativa política y si no se empezaba a calentar la pólvora las armas.

LA CORRESPONDENCIA DEL LIBERTADOR

Fue tal la participación de San Martín en las actividades previas del Congreso que le envió a Godoy Cruz una carta con instrucciones en donde establecía cinco puntos que no podían dejar de tratarse allí, ante el temor de que no se profundice el proyecto emancipatorio que necesitaba las entonces Provincias Unidas.
La premura surgía por un simple análisis: desde el Alto Perú avanzaba el ejército realista que era enfrentado por Los Infernales de Martín Miguel de Güemes. Mientras que el ejército que se preparaba para cruzar Los Andes también tenía que repeler los intentos que surgían desde el otro lado de la cordillera.

Seis meses antes del 9 de Julio San Martín escribía: “¡¿Cuándo se juntan y dan principio a sus sesiones?! Yo estoy con el mayor cuidado sobre el resultado del Congreso, y con mucho más si no hay una unión íntima de opinión”. Su premura era entendible, no se podía perder más tiempo para que comiencen las deliberaciones.

¿Qué era lo que buscaba San Martín?: Una declaración política que avale a las fuerzas revolucionarias que estaban combatiendo a los realistas o se preparaban para dar la batalla final del otro lado de la cordillera. Sin una definición política clara, se hacía imposible seguir combatiendo a los realistas o se prepararse para dar la batalla final del otro lado de la cordillera. Sin el gesto político claro por parte de los diputados que representaban a las provincias del ex virreinato, la conformación de su Ejército, era una batalla en sí misma donde llevaban las de ganar los sectores que soñaban con la restauración del proceso colonial.

El 9 de julio de 1816, finalmente, el Congreso que sesionaba en Tucumán se pone de acuerdo para firmar el Acta de la Independencia redactada por José María Serrano. El general José de San Martín en su rol de gobernador de Cuyo envió tres hombres que jugaron un papel determinante en Tucumán: Godoy Cruz (su hombre de mayor confianza) por Mendoza, Juan Martín de Pueyrredon (Director Supremo de las Provincias
Unidas desde 1816) por San Luis y Francisco Laprida (Presidente del Congreso de Tucumán al momento de la declaración) por San Juan. Los tres fueron fundamentales para conducir el proceso político que iba a respaldar las acciones revolucionarias.

Vamos a cerrar con la palabra del Libertador de América, para entender la épica con que se dio la batalla política: “Que la voz de nuestros afanes repercuta en todo el orbe y se sepa que aspiramos a ser un pueblo libre en una nación soberana. Que nadie pueda llamarse a engaño y que todos los estados del mundo sepan lo que buscamos y lo que vamos a ser. La independencia nacional es el deseo de todos. No nos conformamos con obtener y asegurar la libertad de las Provincias Unidas emancipadas. Vamos más lejos y esta es la primera y obligada etapa a recorrer”.

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